Jesús Herrero Borrego. In memoriam, por Guillermo Corral Peramato

Corrían los primeros años de la segunda década del siglo XXI y Jesús Herrero venía desde la capital de España a pasar algún día en Salamanca. Nos veíamos y comparábamos noticias, confidencias y proyectos. Un día se presentó con un manojo de folios mecanografiados en los que iba contando su vida. Su objetivo era reunir y ordenar todo lo escrito, fotocopiarlo y entregarlo a sus sobrinos, que le habían sugerido la idea de escribir sus Memorias. Después de leer algunas de las separatas le propuse la idea de publicar un libro.

Una vez convencido, en sus escapadas periódicas a Salamanca, nos reuníamos Jesús, Isidoro González y yo en el Bar Tizona, situado en la calle que baja desde la Avenida de Champagnat hacia el Hospital Clínico. Allí fuimos dándole forma al proyecto.
El año 2014 se publicó dicho libro con el título ‘La Misión que hizo fecunda mi vida’, en el que se recoge la aventura de su vida, desde su infancia hasta su jubilación. Recoge abundantes datos y experiencias personales y pastorales. Yo se lo recomendaría a quienes se preparan para el sacerdocio, ya que es un auténtico Vademecun pastoral y espiritual.

Escribí un pórtico como introducción a cada uno de sus 33 capítulos. En el del capítulo XVI decía: En estos DIÁLOGOS DEL ALMA que hemos llevado a cabo por escrito y de palabra teniendo como base tus Memorias (o Confesiones, que diría San Agustín), comparábamos recuerdos, experiencias y preocupaciones pastorales que han servido también para hacer recuento crítico de nuestra vida, asumiendo todo lo que hemos vivido y hecho desde la confianza en Dios que es quien con justicia y misericordia nos examinará en el amor.

En ‘La Misión que hizo fecunda mi vida’, dedica Jesús Herrero una cuarta parte del libro (13 capítulos y 119 páginas) a su labor como párroco y arcipreste en el pueblo madrileño de Valdemoro, hoy una gran ciudad más que pueblo. Allí estuvo ocho años Jesús trabajando y disfrutando. El capítulo XI lo titula: En Valdemoro fui cura de pueblo. En el Pórtico yo intenté presentar y resumir esa etapa.
Escribí: “Valdemoro está ubicado en el sur de Madrid, sobre la carretera de Andalucía”, afirmas al describirnos el lugar. Al sur. De nuevo el instinto hacia lo pobre te llevó al sur. Norte- Sur, dos palabras simbólicas para significar la riqueza y la pobreza. Al sur, en los barrios más problemáticos, donde recalaron la mayor parte de los españoles de las dos Castillas, de Extremadura, de Andalucía, de Galicia… Ahora misionero rural. El veneno (¡bendito veneno!) de la misión siempre quemando las entrañas de tu espíritu de pastor, amigo Jesús. Los españolitos en busca de trabajo y vivienda, los inmigrantes que ya no tienen sitio en los suburbios de la gran ciudad; y surgen los nuevos barrios del extrarradio, las ciudades dormitorio en torno a los pueblos más próximos a Madrid: Alcorcón, Móstoles, Fuenlabrada, Humanes, Griñón, Parla, Valdemoro… Dicen por nuestra tierra: “cura nuevo, santos en danza”. Pero tu prudencia pastoral te impidió
entrar en la parroquia de Valdemoro “como un elefante en una cacharrería”.

Lo más tentador es empezar a cambiar cosas, pero es un error. Por eso tu criterio de siempre al llegar a un destino nuevo de misión era conocer la realidad y conectar con la historia. “Escuchar, oír a los destinatarios del evangelio y, un tiempo después hablar, predicar. En media hora de paseo por esta calle del centro del pueblo podía realizar numerosos encuentros preevangelizadores con feligreses, que me facilitaban el trabajo de pastor. Hay que hacer la evangelización al aire libre, en la calle o en los parques como Jesús de Nazaret”.

Tu fino sentido humano y pastoral te llevó a valorar y reconducir el inmenso y rico caudal de la religiosidad popular, tan denostada en los años postconciliares por sus adherencias históricas y sus corruptelas, a pesar de los problemas que esto suponía. Algunos de tus párrafos lo expresan de forma magistral, profunda y emotiva. “Valdemoro  respira y transpira hoy religiosidad popular. Sobre Nuestro Señor Jesucristo Crucificado (el Cristo de la Salud). Y sobre la Virgen María, su Madre (Nuestra Señora del Rosario).

Valdemoro vivió y sigue viviendo su fe. Se trata de una religiosidad cristocéntrica y mariana que hoy perdura en sus familias. Doy gracias a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo porque ha bendecido a Valdemoro a lo largo de su historia con un buen clero, que en su buen hacer evangelizador puso firmes cimientos y edificaron bien la iglesia. El fruto de su trabajo lo he recibido como una buena herencia”.

¡Qué generosidad y espíritu fraterno, Jesús, al reconocer la labor de los pastores que te precedieron!
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Jesús Herrero era una persona con una sensibilidad especial para con los más humildes, indigentes y enfermos. Era un hombre de Dios. Yo le decía que era pastor de pastores. Cualquier sacerdote que lo conocía quedaba subyugado por su bondad y buscaba su cobijo espiritual. Jesús expresaba sus sentimientos con un profundo lirismo espiritual. Desde sus tiempos de seminarista en Ciudad Rodrigo cultivó su vena poética, que después fue creciendo en Argentina, en Madrid y en Salamanca. En el año 2017 publicó una selección de sus poesías bajo el título de ‘Mi vida desde la poesía’. En la presentación que hace él mismo de ese libro afirma: «La vida tiene mucho de poesía. Rebobino mi vida pasada y por el espejo retrovisor contemplo la belleza existencial en una clave de bondad y de verdad: lo bello, lo bueno, lo verdadero…»

Consciente de que encaraba la última etapa de su vida en esta tierra escribía en uno de sus poemas, que lleva por título ‘Mi vida y la vida’: «Yo soy la Resurrección y la Vida (Jn. 11, 25)

  • ¡Vida que ya no es vida,
    la vida que estoy viviendo,
    porque los años me dicen
    que en silencio estoy muriendo!
    Vida que vivo en la vida;
    vida que en la tierra vivo,
    vida que ya voy gastando
    y en silencio estoy perdiendo.
  • Ya tengo menos raíces
    en el pueblo en que nací,
    en Lumbrales, donde viví;
    y en silencio me estoy yendo.
    Esta vida es temporal:
    vida de desasimiento,
    vida que busco por fuera,
    pero al silencio
    y a Dios los llevo dentro.
    Vida, vida sólo en Dios:
    la vida que estoy tejiendo.
    El Espíritu me persuade
    en la tierra, que solamente
    el silencio y Dios son eternos.
    …………………………..
    G.C.P